El Cine de Ciencia Ficción presume de haber superado la corriente postatómica de los años más “calientes” de la Guerra Fría y se codea, sin rubor, por un lado a) con un cine comercial (Star Wars y Alien así lo demuestran), orgulloso de su formato más espectacular y efectista (y caro): el Space Ópera; y de otro, b) con un cine de Autor preñado de numerosas referencias intelectualoides (Solaris de Tarkovski) que demanda, como condición sine qua non para su entendimiento y deleite, la complicidad estoica del público al que se dirige.
La antiutopía (la distopía), ocasionalmente representada en la literatura por Aldous Huxley o George Orwell (como representantes de escritores que, ocasionalmente, se acercaron al género parabólico), o por Ursula Le Guin, Ray Bradbury o Philip K. Dick (por citar a algunos de los escritores de ciencia ficción promiamente dichos que más lo cultivaron), apenas si se ha atrevido a aparecer en un Cine, el de los 70, lastrado por las implicaciones emocionales derivadas de la Guerra de Vietnam. Al igual que las excepcionales -todas ellas basadas en originales literarios-, El último hombre... vivo; Fahrenheit 451, la Fuga de Logan, El Planeta de los Simios, o la Naranja Mecánica... el film de John Carpenter, 1997... Rescate en Nueva York, se aventura en el género antiutópico dispuesto a convertir a la Isla de Manhattan (barriada capitalista por excelencia) en un cárcel para delicuentes de todo rango que, auspiciados por el liderazgo de un tipo carismático, han construido sobre ella un estado alternativo, autárquico, y de clara vocación revolucionaria (y que sería notablemente exagerado en la sarcástica -paródica- secuela de este film).
Embutido por mandato supremo en este hábitat salvaje, el protagonista, Snake Plissken (interpretado con convicción por Kurt Russell) se ve obligado a traspasar las fronteras de aquella cárcel al rescate de su Presidente so pena de morir como consecuencia de un virus inyectado, poco juiciosamente por lo que se verá después, por aquellos a los que presta sus servicios.
El Cine de Ciencia Ficción Prospectiva adquiere, desde ese momento, una nueva dimensión. Por un lado, afea y ensucia la estética de las ciudades del futuro y de otro, cuestiona la evolución experimentada de sus métodos coercitivos. Lo que no sabe JC, en aquel año de 1981, es que su película va a influir sobremanera en la ulterior concepción de las distopías futuristas, en especial aquellas que se desarrollan en cárceles (o asimilados): Wadlock, Fortress, o Escape from Absolom, creando bajo su estela un subgénero por derivación ciertamente productivo.
Además, 1997… Rescate en Nueva York, reivindica la estética de The Warriors de Walter Hill (que después va a inspirar el film Street of FIRE de el propio Hill, e incluso el Romeo y Julieta de Baz Luhrman), pero sobretodo, se rebela como una película realizada a contracorriente donde el (anti)héroe del film se convence a salvar la vida del Presidente únicamente cuando se pone en peligro su propia existencia. Educado en la supervivencia en ecosistemas hostiles, el mercenario Snake Plissken se convertirá en un resentido peligroso en lucha contra el resto del mundo donde ni siquiera tendrá oportunidad de desahogar sus instintos traicionados con una historia de amor…
El film va a conformar, definitivamente, la personalidad creativa de su autor: protagonismo de un antihéroe, estética visionaria, ritmo frenético, atmósfera sombría y montaje sobresaliente. El nombre de John Carpenter comienza a sonar como un referente en el mundillo del Fantástico contemporáneo.
2.6. El retorno de la Monster Movie
MACREADY:
You play chess?
CHILDS:
I guess I'll be learning.
La tercera colaboración en otros tantos años entre Kurt Russell y John Carpenter daría a luz al que es, sin duda, uno de los monstruos más inquietantes de cuantos ha concebido el arte cinematográfico.
Estamos en el año 1982, y John Carpenter ha encadenado tres éxitos comerciales que han sobrepasado las barreras de la serie B y la distribucion minoritaria.
La Monster Movie contemporánea a The Thing ha dejado ya de lado las invasiones extraterrestres y las paranoias mutantes de origen nuclear. El mayestático éxito del Tiburón de Spielberg, ha creado cátedra y el cine de aventuras catastrofistas presume de advertir a los despreocupados veraneantes de los peligros que conllevan las más graves desatenciones ecológicas (contaminación de aguas, tala indiscrimada de árboles, peligro derivado de las centrales radiactivas...). Las animal attack movies (subgénero concebido como un híbrido (in(ev)olución) entre el cine de catástrofes, propiamente dicho, y la monster movie de filiación clásica) se han adueñado del subgénero.
Sorprendido por el reciente éxito de Alien, que vaticinaba el retorno a la actualidad cinematográfica de un Monstruo bigger than life, el avispado productor Dino de Laurentis ofrece a John Carpenter la posibilidad de adaptar el relato post atómico de John W. Campbell Jr., Who goes there? (un relato de prospección paranoica de naturaleza inquietante y muy recomendable), que ya había inspirado una producción de Howard Hawks: El Enigma de Otro Mundo, el clásico de la ciencia ficción cuya dirección, los bien pensantes, aún atribuyen al ignoto Christian Niby.
Con unos medios técnicos (Rob Bottin), creativos (BSO minimalista obra del insobornable Ennio Morricone) y presupuestarios de primera magnitud John Carpenter reinterpreta la historia de El Enigma de Otro mundo retomando alguna de las situaciones, personajes y ubicación que ya estaban presentes en la novela, canjeando a algunos personales de ascensión militar de aquélla por una camada de investigadores del todo punto afín al espíritu pro-cientificista del filme.
El film de Carpenter es una película que cuenta con unos efectos especiales de generación sublime pero, a pesar de todo, consigue destacar, como ninguna otra, en el ámbito del terror psicológico, tal y como ocurre en la novela, y en la intriga que supone no saber quién de tus compañeros puede ser el portador del terrible depredador alienígena.
Pero Carpenter no se conforma con adaptar con más fidelidad que la producción de Hawks el relato que lo da sentido, sino que osa resolver la historia con uno de los finales más elípticos de la historia del género (que acabaría desterrándolo del éxito comercial; fracaso económico del film sólo deducimos su consecuencia más afortunada: la imposibilidad material de rodar una secuela totalmente innecesaria).
El director ofrece una perspectiva novedosa de la Monster Movie (de origen alienígena) al evitar cualquier arquetipo heróico a la hora de describir el comportamiento de sus protagonistas. McReady no tendrá nada que ver con la Teniente Ripley como se verá. Para estas alturas, ya podemos comprobar que Carpenter tampoco tiene que ver nada con Ridley Scott.
2.7. Carpenter adapta al Rey
Mientras el Cine de Terror sigue sufriendo las consecuencias de una importante recesión creativa que sólo sabe recurrir al Slasher (evolución del Giallo orientada a un público adolescente), los productores cinematográficos acaban de encontrar en el pequeño Estado de Maine un filón creativo de proporciones universales.
Cuando Brian de Palma, uno de los directores de la generación de los 70 con una personalidad cinematográfica más acusada, decide apoltronar sus sentidos creativos en beneficio de un lugar acomodado en la gran industria, lo hace adaptando una novela de aires telequinéticos, Carrie, que pronto se convierte en un notable éxito comercial. El autor del relato, Stephen King, se dedicará desde ese mismo momento a remozar la literatura de Terror Psicológico contemporáneo en su versión costumbrista, a un ritmo tan prolífico, que pronto se verá convertido en un fenómeno de masas, en un fabricante de best-sellers a granel constantemente requerido por unos productores de Cine carentes de ideas que pretenden renovar conceptualmente, y a base de talonario, el anquilosado género de Terror.
Tras Brian de Palma, Stanley Kubrick y David Cronenberg, John Carpenter será el siguiente en elegir una sarcástica novela de Stephen King (Christine) para desquitarse del fracaso comercial de La Cosa.
Christine posee dos partes muy diferenciadas. Una primera, de lo mejor del Cine de su autor, nos muestra la creciente y enfermiza obsesión que un joven profesa contra el viejo coche que está restaurando y, una segunda, fruto de un guión incapaz de desarrollar el ingenio de su propuesta primigenia y que coincide con la resolución del filme, donde el Plymouth Fury del 58 se reconvierte en una entidad diabólica de ascendencia psicopática capaz de autorrepararse y asesinar a todos los que ponen en peligro la relación acero-carnal que le une con el protagonista.
John Carpenter vuelve a ubicar su cinematografía en el ámbito del terror juvenil, tal y como hiciera con Halloween, pero esta vez se olvida de construir iconos susceptibles de imitación incesante. No hay víctimas ni asesinos, sino una víctima que se convierte en asesino, y un asesino inhumano que reposa sobre una coraza de acero y metal. Y, al igual que en libro, un homenaje implícito a los coches y al rock’n roll de los años 50 que Carpenter, como músico hijo de músico, no deja de lado en esta singular adaptación.
Christine no cuenta con el apoyo de la crítica ni del público y pronto se va a convertir en un film maldito.
2.8. Amor extraterrestre
En aquel año de 1984 donde las fuerzas aéreas norteamericanas presumían, con inquietante orgullo, de sus gadgets en la ceremonia de inauguración de los JJ.OO. de los Angeles, al mismo tiempo que la sociedad se preparaba para vivir los años más oscuros de la etapa Reagan, John Carpenter concibe un film de alienígenas romántico, de preclara vocación humanista, ecológico, y, evidentemente, concienciador. Para estas alturas, la mayor parte del firmamento cinéfago ya pensaba que el bueno de John Carpenter se había vuelto loco.
Siguiendo la estela conceptual promovida por el Rey Midas de Spielberg, el cine norteamericano se dedica durante toda la década de los 80 -y con indisimulado descaro- a producir secuelas, variaciones y basamentos de los filmes del californiano. A las secuelas de Tiburón, Gremlins, Indiana Jones... y demás subgéneros dimanantes de aquella concepción cinéfila, se une, SORPRENDEMENTE, la noción de la existencia de extraterrestres de afinidad amistosa derivados de dos notables éxitos comerciales: Encuentros en la tercera fase y E.T. El Extraterrestre.
Dándole la vuelta, por completo, al entramado visceral de The Thing, John Carpenter se une a la corriente pacifista propia de una generación que sigue sufriendo las consecuencias de una guerra maldita (luego vendría Kenneth Johnson y su V, para volver a poner las cosas en orden) y nos presenta una obra (cinematográfica) exonerada de cualquier raigambre pro-bélico, una historia de amor ultraterrenal y antixenófoba infectada con altas dosis de ternura y compromiso.
Starman, es un film protagonizado por, literalmente, un hombre de las estrellas que encuentra un receptáculo donde ubicar su personalidad incorpórea en el rostro y figura de un hombre cualquiera que acaba de morir en un accidente. Resucitado torpe como ente, explorador ingenuo como extraterrestre, sus huesos van a parar junto a la mujer del tipo cuyo cuerpo acaba de ocupar. Dotado de unas bolas mágicas que le librarán de más de un apuro, el extraterrestre se dedicará a la observación de un ecosistema que no lo ha recibido, precisamente, con las manos abiertas, al tiempo que trata de convencer a la viuda incrédula de los objetivos amistosos de su misión.
Aunque todo pareciera indicar que estamos en presencia de una historia de invasiones de ultracuerpos aficionados a la suplantación de roles (al más puro estilo paranoico de los años 50), el bueno de Starman se dedica, únicamente, a investigar la compleja relación del hombre con su entorno y semejantes mientras huye de unas fuerzas de seguridad que no lo comprenden... Y, de forma simultánea, comienza a conocer las bondades y miserias del más turbador y sincero de cuantos amores imposibles ha concebido el cine fantástico contemporáneo.
Hasta aqui la primera parte, luego, o sea mañana, cuelgo la 2ª.
He conservado al maximo el formato de origen, parrafos y demas, excepto las fotos (por algún motivo desconocido no puedo colgar más ¿? ).
Los clips son cosa mia, ok.
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