Ahora vuelvo

02:27 FuzzFan 1 Comments


Muy buenas, amiguitos!!!
No, no os he olvidado, sencillamente me he tomado unas vacaciones "blogeras", lo de la felicidad ocupa mucho tiempo, gracias a Dios.
Muy pronto estare entre vosotros, hijos mios, jejeje.
Acabare la serie sobre J. Carpenter y ya veremos sobre que escribimos luego, se aceptan sugerencias, como siempre.
Que ustedes lo pasen bien, hasta pronto amigos.
Salut!!!
P.D.: jeje, sigo siendo muy feliz.

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En seis palabras...

14:17 FuzzFan 3 Comments


Dejemoslo en que soy jodidamente feliz!!!!
Que ustedes lo pasen bien...

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Mierda!!! Murio Arthur Lee.

13:52 FuzzFan 0 Comments

Una entrada para el cementerio, un momento para el recuerdo.
El pasado jueves murio Arthur Lee, alguien se atrevio a llamarle el primer hippie negro, representante del genuino Summer of Love del 69, los sesenta no hubieran sido lo mismo sin el y su banda, Love.
Con hits como "My little red book", "Seven and seven" o "Alone again or" nos demostraron a muchos tipos "duros" que un grupo como Love y la voz de Lee podia romperte muchos estereotipos, y no hablo de modelos de Hi-Fi.
Os dejo con el articulo que escribio J.F. LOSILLA EIXARC para el Heraldo, es la esquela que más me ha gustado.
Disfrutar de su musica y dejaros transportar hasta ese Verano del Amor de St Francisco en 1969.
Paz... Qué falta hace.

Arthur Lee o la epopeya suicida de un talento
Se marcha otro grande, un gigante con los pies de barro y de barrio; la antítesis de la convención, al filo de la navaja, de su navaja. Un temerario con los bolsillos atestados de balas y talento, sin horario ni calendario, el truhán que a un trago de bourbon le seguía un verso eterno. Un Maradona en potencia, California años 60, todos a San Francisco y una flor en la melena. Todo eso y mucho más fue Arthur Lee, músico que el jueves falleció de leucemia a los 61 años.
Los mejores corren más. Y se salen de la curva. Cuneta tras cuneta hacia el precipicio terminal. Suicida viaje que, al menos, regala capítulos soleados y geniales, a miles de kilómetros del ser humano común. Este angelino y a la vez demonio vislumbró su salvación en la música y a ella se entregó con la misma virulencia con la que se abonó a la temeridad salvaje.

Selló su pasaporte al mito junto a Bryan Maclean en un frágil milagro llamado Love, banda básica e ineludible. Comenzaron emulando a los Byrds, disfraz que pronto les quedó diminuto. Ahí emergió su contribución mayúscula, "Da Capo" (1967) y "Forever changes" (1967).

Lluvia psicodélica en la que empaparse, fango rockero en el que revolcarse, guante de seda con el que acariciar. Dos álbumes, dos monolitos al nivel de Lennon, a la diestra de Dylan y a un paso de Brian Wilson; carne de inspiración para quienes revisitaron esa senda después.

Vive y deja vivir, cantaba Lee, con esa voz hipnótica y cálida. Ama sin mesura, grita sin mesura, vuela sin mesura. Otros tiempos, otra gente. Hoy, entre oficinistas con la raya a la derecha y ordenadores estúpidos, sus canciones suenan a utopía, al quiero y no puedo.
Afortunadamente, bastan 180 gramos de vinilo, una cinta o una simple descarga de Internet para reproducir el milagro y activar los resortes del placer infinito y del goce atroz. La soleada California, años 60, ¿llevas flores? Soy Arthur Lee.

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John Carpenter 2.5

14:19 FuzzFan 1 Comments

Despues de unos dias desaparecido y un merecido descanso, volvemos con el siguiente episodio del gran John Carpeneter.
Aviso: El Clip de la pelicula es un collage con musica de Hypocrisy, asi que bajen el volumen si no os gusta este grupo... o no

2.13. En la mente de Carpenter (En la boca del miedo)
Película de múltiples facetas y lecturas, conceptualmente confusa pero harto subyugadora, el acercamiento de Carpenter al espíritu Lovecraftiano le sitúa junto a una de las vertientes menos exploradas de su filmografía: el terror psicológico.


No hay muchos ni importantes referentes cinematográficos que merezcan la pena destacar como adaptaciones, propiamente dichas, del universo del escritor de Providence. Sí hay aproximaciones, más o menos destacables dentro de los estrictos márgenes del cine fantástico de serie B en El Palacio de los Espíritus de Roger Corman, en Die, Monster, Die de Daniel Heller, o, sobretodo, en ¿Por qué lloras, Susan?, de David Green, que adaptaba con cierta economía narrativa uno de sus relatos más populares: The Shuttered Room. Dentro de las estrictas prerrogativas del cine de terror, se han querido ver influencias del autor en La Cosa del propio Carpenter, en Miedo en la Ciudad de los Muertos Vivientes de Lucio Fulci y en las comedias gore: Re-animator y From Beyond. Una versión de La Mansión de Cthulhu por cuenta del inefable J. P. Simón servirá de prólogo para el acercamiento apócrifo que sobre la obra de Lovecraft realiza Carpenter en In the Mouth of Madness.


Carpenter renuncia a adaptar un relato concreto de Lovecraft al mismo tiempo que reflexiona sobre buena parte de su universo y afectos literarios. Pero su interés por el universo conceptual del escritor norteamericano no desvía el interés hacia otros temas igual de sedutores. Así las cosas, En la boca del miedo especula sobre el poder y fascinación que ejercen los mitos sobre si mismos y, naturalmente -y esto nos pone de lado de las víctimas de la película- sobre la necesidad inexcusable que tienen los lectores de alimentarse con generosas raciones de malignidad ficcionada.
Film metafísico, visualmente fascinante, vocacionalmente terrorífico, En la boca del miedo supone la consagración definitiva de John Carpenter como demiurgo del cine de género presentándolo, sin duda, como el más personal y audaz de sus artesanos. Es una película concebida para ser recordada por el fascinante poder de sugestión de muchas de sus imágenes, y por el notable grado de inquietud derivado de sus secuencias más aterradoras (a destacar la de la cafetería: de nuevo, otra lección narrativa).

El argumento, claro, surreal: Un empleado de una compañía de seguros (Sam Neill) se sumerge en una extraña y delirante aventura cuando un editor, interpretado por Charlton Heston, le contrata para desentrañar el paradero de la gran estrella literaria Sutter Cane, momentos antes de que su nueva y exuberante novela llegue a las librerías de todo el país. Impelido por su condición de sagaz investigador, el bueno de Sam Neill comenzará la búsqueda de su oponente acudiendo a una de las fuentes más obvias: la propia mente del artista transmutada en su prolífica producción literaria. En las fauces de este singular escritor/creador encontrará -no debía haber buscado- una revelación fatal que lo llevará de forma irreparable a la más acolchada celda de un siniestro frenopático.

En la Boca del Miedo mezcla realidad y ficción y ficción dentro de la ficción, iglesias que ocultan puertas a lo desconocido, niños que persiguen a los perros, cuadros que cambian de forma, poblados fantasmas que aparecen y desaparecen por doquier, ciclistas nocturnos aficionados a los deja vù, albergues de cuento con viejecillas asesinas, escritores que buscan su inspiración en niveles próximos al averno, Apocalipsis dictados por monstruos lovecraftianos, invasiones víricas de índole demoníacas y empleados de compañías de seguros ateos que renegando de la existencia de un Dios se asustan y vuelven locos al descubrir que, en realidad, no son sino una de sus más ignominiosas creaciones...

Y también habla de nosotros, espectadores incautos, mitómanos que exageran a sus leyendas, sectarios siempre insatisfechos que presumen de esperar de sus mitos la vuelta de tuerca definitiva.

La película de Carpenter, escrita por Michael diLuca es una cinta que admite múltiples interpretaciones y que se recuerda, sobretodo, por los numerosos hallazgos visuales que la conforman. Es, naturalmente, un ejercicio de estilo en el que el cineasta vuelve a evitar encasillarse -y de qué modo- en los insalvables entresijos de la previsibilidad.

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